Columna:

por Juan Pablo Segovia. 

Abogado Penalista.

Diplomado Derecho Procesal Penal y Sistema Acusatorio // UCN

Diplomado Litigación avanzada en Derecho Penal, Derecho de Familia y Derecho Laboral // UCN

Diplomado → Instituciones Fundamentales de Derecho de familia y Litigación Oral // UCN

En los últimos años, frecuentemente hemos escuchado de parte de nuestras autoridades y de quienes pretenden serlo, frases muy sentidas referentes a la infancia y sus derechos, tales como “los niños primero” o “los niños primeros en la fila”.

Cierto es que la situación de los niños, niñas y adolescentes, en cuanto al reconocimiento, respeto y garantía de sus derechos, ha sido una ardua lucha que está lejos de concluir y que importa un despliegue diario de esfuerzos, que van desde el diseño e implementación de políticas públicas, hasta la no menos relevante modificación del lenguaje utilizado, que dé cuenta del cambio del paradigma, por ejemplo, eliminando el vocablo “menores” del uso cotidiano.

No puede dejar de reconocerse que hasta la fecha se han ido generando importantes cambios al panorama a que nos podíamos ver enfrentados hace unos años, existiendo el reconocimiento de que los niños, niñas y adolescentes ya no son objetos de tutela, sino sujetos de derechos, con una autonomía progresiva y con la necesidad y garantía de ser escuchados en todos aquellos asuntos que le son concernientes, más aún queda mucho por hacer, tanto en la sociedad en general, como en los organismos del estado encargados de resguardar y garantizar su interés superior.

La ratificación por parte de nuestro país de la Convención sobre los Derechos del Niño, importó un notable avance, elevándose conforme lo dispuesto en el inciso 2° del artículo 5° de la actual Constitución Política de la República a la categoría de derechos fundamentales, constituyéndose en el paraguas que cubre todo el sistema de protección integral. No obstante, en muchos casos estos preceptos no pasan de ser una mera retórica, faltando bastante para que lleguen a tener una concreción efectiva y real.

Partamos por señalar que extraña que en nuestra carta fundamental, en parte alguna aparezca el reconocimiento de que los niños, niñas y adolescentes, son sujetos de derechos, por lo cual esperemos que en el nuevo proceso constituyente que se nos aproxima, esta consideración sea recogido por los redactores, pues sería la piedra angular para la materialización efectiva de todas las garantías reconocidas a niños, niñas y adolescentes.

Pero, no podemos quedarnos con la idea de que todo depende del Estado. Efectivamente, el garante de los derechos fundamentales de niños, niñas y adolescentes es este ente etéreo llamado Estado, mas todos y cada uno de nosotros formamos parte del mismo y como tales debemos asumir la responsabilidad que nos cabe y no hacer oídos sordos ni ponernos una venda en los ojos ante el sin número de vulneraciones a los derechos de los niños, niñas y adolescentes que a diario tienen lugar.

En primer término, como más arriba comentamos, dejemos de hablar de “menores”, pues este vocablo, que podrá parecer sencillo, da a entender que consideramos a todas aquellas personas menores de 18 años como un ser humano de menor valía, que por tal condición se constituye en un objeto, siendo el adulto quien está autorizado para determinar cuánto suceda a su respecto, ignorándose sus reales necesidades. Esto aún lo podemos leer incluso en resoluciones judiciales, lo cual extraña, si tenemos en cuenta que particularmente corresponde a la magistratura, encargada de decir el derecho, velar por el respeto de las garantías de todos y todas.

Quizás también has escuchado hablar de la prostitución infantil o incluso tú ocupaste alguna vez esa terminología, ¿pero crees que un niño, una niña o un adolescente verdaderamente se prostituye? Claramente la respuesta es no; hay quienes pretenden llamarse seres humanos que se aprovechan de la situación de vulnerabilidad de algún niño, de alguna adolescente, incluso inmiscuyéndolo en el ambiente de las drogas, el alcohol o la delincuencia, para promover o facilitar que otros u otras, tan o más desadaptados, obtengan servicios sexuales de aquél o aquella; sin embargo, esto que pasa frente a nuestros ojos, muchas veces es invisibilizado, sobre todo cuando se trata de niños, niñas o adolescentes vulnerados o dejados en abandono, en que pareciera que esto deja de ser importante, tal vez pensando que estas personas no son de gran relevancia para la sociedad.

No es la intención hacer acá una crítica a todo el sistema, diciendo que todo funciona mal y que nada sirve, pues ello no es así; muchos hay que efectivamente ponen todo de sí para lograr dar a niños, niñas y adolescentes lo que su dignidad de ser humano exige, pero claramente se dan situaciones en que la retórica, la burocracia, el apego por la formalidad más que por el fondo, genera la impresión de que el ciudadano, en este caso, en etapas de formación de su personalidad, debe acomodar la satisfacción de sus necesidades a lo que la institucionalidad le puede ofrecer y no como debería ser, en que es el Estado quien tiene la función de ponerse al servicio de la persona, en miras a alcanzar su máximo desarrollo espiritual y material posible. Cuántas veces hemos presenciado casos en que la respuesta institucional llega un “poquito” tarde y debemos lamentar todo tipo de graves vulneraciones en niños, niñas y adolescentes; mientras los adultos se reúnen y conversan el qué pueden hacer, esa persona digna y necesaria en nuestra sociedad ve avasallados sus derechos, incluso de parte de los padres, quienes enfrascados en disputas eternas de sus egos, instrumentalizan a sus hijos o hijas, ignorando completamente lo que a ellos o ellas les es necesario y beneficioso, desplazándolo por la búsqueda de revanchas o triunfos superfluos e inconducentes.

Vaya, la lista de ejemplos puede seguir alargándose, pero queda claro al menos que en este tema falta mucho por hacer, partiendo por la concientización que hagamos en nosotros mismos de la calidad de sujetos de derechos de niños, niñas y adolescentes, para tener la estatura moral para exigir a todo el aparato estatal que cumpla con su deber de garantizar todos y cada uno de los derechos y en sus diversas esferas, de que son titulares niños, niñas y adolescentes, por el solo hecho de ser personas, sin ninguna otra consideración, velando así por la consagración de su interés superior.

Mucho hemos avanzado, pero mucho aún queda por hacer; partamos por destinar a nuestros niños, niñas y adolescentes nuestro tiempo, afecto y dedicación, pues un momento de atención lo más seguro es que sea capaz de generar una gran diferencia.

En conclusión, ¿crees que hoy efectivamente los niños están primero?

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